Consumidores responsables, empresas responsables

Cuando hablamos de Responsabilidad Social Empresarial, inmediatamente pensamos en la ética que aplican las empresas cuando desarrollan su actividad. Sin embargo, somos nosotros, los clientes, quienes tenemos el verdadero poder en sus decisiones al inclinarnos por consumir un producto concreto.

¿Cómo podemos desde la última parte de la cadena forzar a las empresas para que sean socialmente responsables?

En primer lugar hagamos una reflexión. Lo barato tiene que ser barato por algo. Los financieros lo tenemos muy claro. Las empresas tienen sostenibilidad en el tiempo si ingresos menos gastos tienen un resultado positivo. Las matemáticas no fallan. Para que una empresa tenga un mejor resultado en periodos sucesivos algo tendrá que cambiar en esa operación matemática.

Muchas veces se juega con estrategias financieras lícitas y muy éticas como puede ser una óptima gestión de los stocks, de manera que mejore su rentabilidad económica. Pero existen dos partidas que a menudo se fuerzan para modificar el resultado de esta igualdad matemática. El ajuste en el precio de compra a proveedores o el ajuste en los sueldos y salarios son partidas que dependen de la gestión operativa de la compañía y que en ocasiones pueden no ser tan éticas como el consumidor espera.

Cuando hacemos una compra por Amazon a un precio atractivo, debemos pensar lo que hay detrás. ¿Por qué? Amazon no tiene una tienda física pero tiene repartidores, almacenes y muchos informáticos. ¿Pero hay algo más? ¿Qué pasa con su gestión de proveedores? A lo mejor además de una gestión óptima de almacenamiento, el proveedor le ha vendido barato sin tener opciones en la negociación. O no. Pero habría que preguntárselo. ¿Qué fabricante de productos de gran consumo se atreve a no aceptar las condiciones de compra de Amazon? Si no estás en Amazon, no estás. Millones de consumidores comparamos precios y características de un producto antes de comprarlo. Google  posiciona los productos en Amazon entre sus primeras opciones. Nadie puede permitirse no estar en Amazon pero ¿nos hemos planteado como consumidores el efecto que Amazon puede tener a largo plazo en la economía y por lo tanto en la sociedad?

No me veáis como al demonio. Yo también compro en Amazon. Sobre todo porque ir a las tiendas supone un tiempo que necesito para estar escribiendo estas letras. Amazon hace cosas muy bien. Por ejemplo, los robots que sustituyen el trabajo de baja cualificación como puede ser el de mozo de almacén. De esta forma reducen sus costes en sueldos y salarios al tener robotizados sus almacenes. Robots desarrollados por los nuevos mozos de almacén, los expertos en tecnología.

Como consumidores socialmente responsables, debemos plantearnos muchas otras cosas. Hace unos días leía un artículo sobre la manteca de karité que se fabrica en algunos países de África y que da trabajo especialmente a las mujeres. Antes de llegar al final, recordé una marca de cosméticos que compro a veces que utiliza este ingrediente en muchas de sus cremas. A medida que lo iba leyendo pensaba en quienes serían los proveedores de este producto en esta firma. Cuál fue mi sorpresa que al llegar al final del artículo, mencionaban a esta empresa como uno de sus principales clientes. Entonces me di cuenta, una vez más, que pagar más por una crema tiene un impacto positivo en muchos ámbitos. Manteca de karité fabricada en África en condiciones laborales totalmente dignas cuyo beneficio se reinvierte en las áreas donde se produce. Una vez esta materia prima se exporta a Francia, el producto final es fabricado allí, como lo son muchos la mayoría de los ingredientes que utilizan en sus cremas, lo que hace que los costes de producción, evidentemente suban. Ese mayor coste de fabricación se imputa al precio final del producto que por cierto, y esto no es un blog de estética, es de buenísima calidad. Os cuento esto porque es importante que pensemos, yo también lo hago, la responsabilidad social empresarial que tenemos todos nosotros como consumidores. ¿Estamos dispuestos a pagar más por un producto que sabemos que ha sido producido en condiciones éticas?

Tal vez alguien me diga que no todo el mundo puede comprar caro. Entonces me surge otra pregunta. ¿Estamos dispuestos a consumir menos cantidad y asegurarnos de que lo que consumimos está obligando a las empresas a llevar a cabo una Responsabilidad Social Corporativa? En el caso de los cosméticos y la alimentación, nuestra salud va implícita en esta responsabilidad.

Estos días se habla mucho del huracán de las compras que supone el Black Friday, que hasta hace pocos años no llegó a España. Como comenta la propietaria de esta empresa de juguetes educacionales online, ¿somos conscientes de lo que supone el Black Friday para las pequeñas empresas? ¿somos conscientes del daño económico que sufren los emprendedores por nuestra avaricia como consumidores?

Las grandes empresas al trabajar con economías de escala, desarrollan estrategias financieras que les permiten hacer descuentos por el poder que tienen en la negociación con proveedores. Pero este no es el caso de las empresas pequeñas, las de los emprendedores, las del día a día y las que cada vez se acercan más a la responsabilidad social del consumidor.

Nadie va a fabricar nada que no se consuma o que no deje una mínima rentabilidad. Entonces, ¿qué tal si hacemos una pequeña reflexión sobre nuestra responsabilidad en el mundo del consumo? Yo asumo mi culpa. Ahora me falta actuar.

¿Y tú?

 

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