Los lunes al sol

¿Sería eficiente la jornada de cuatro días para lograr conciliar?

Obsesionados con los periodos de cierre y reporting, los que hemos trabajado en departamentos financieros, sabemos lo que es ser flexibles. Ajustar nuestra vida a los plazos de entrega y picos de trabajo que surgen algunas semanas del mes. Aunque esa flexibilidad y sacrificio personal no siempre sean reconocidos por los líderes.

A pesar de que los financieros somos los de los cierres y los de trabajar en festivos o hasta horas intempestivas, no somos los únicos que sacrificamos nuestro tiempo personal por cumplir con los plazos de entrega profesionales. Si algo tiene trabajar en un departamento financiero, es que estás en contacto con toda la organización y aprendes que el mundo de la empresa es así. Plazos, asuntos urgentes y proyectos con un planning que cumplir. Priorizar se convierte en una habilidad esencial, aunque se hable poco de ella. Y muchas veces entre reuniones e imprevistos, llega la hora de acabar sin haber empezado lo que se tenía organizado para ese día. Por eso resulta tan llamativo, incluso gracioso, que los políticos hablen de jornadas de cuatro días para conciliar como si eso fuera factible sólo con cambiar un contrato laboral.

Veréis, lo mismo que ocurre con la armonización fiscal internacional, que no tiene sentido si sólo la asumen unos cuantos, ocurre con la jornada de cuatro días. Tener una jornada de cuatro días en un entorno en el que el resto de la gente no la tiene, o la tiene distinta, supone que ese día no va a servir para el objetivo que es desconectar y ganarle tiempo a la vida, al menos en los casos de trabajo de oficina. Si en lugar de trabajar cuatro días, la medida se toma como un reajuste en el horario de cada jornada para el cómputo total semanal, es muy probable que ese poquito menos que hay que trabajar cada día, se convertirá en un “qué más da quedarme” (o quedarte) un poquito más por pura eficiencia en las tareas, acabar lo que uno empieza.

Igual que muchos puestos de trabajo en España requieren conectarse a deshora para trabajar con América, o hay que tener en cuenta que en Dubai su fin de semana es diferente al nuestro, tendríamos que considerar de manera impredecible, cuándo nuestro cliente, proveedor, consultor o colaborador está o no disponible. ¿Es esto ágil en caso de problemas urgentes que resolver? ¿Influiría en la eficiencia de la compañía?

Es especialmente preocupante lo relativo a clientes y proveedores que son junto a los bancos quienes mueven el flujo de caja (liquidez) y por tanto, el flujo de actividad, y a quien no siempre sirve resolverles un tema al día siguiente. No sólo desde un punto de vista financiero sino logístico, presupuestario, etc. En el mundo real del empleo y la economía (esto es, fuera de la política) sabemos que los problemas de una empresa y su productividad son incompatibles con una regulación estricta. Por supuesto que nadie es imprescindible y que al final todo sale adelante, pero las situaciones repetidas en el tiempo son las que hacen a una compañía eficiente. Si esos momentos diarios de problemas urgentes no tienen a las personas adecuadas disponibles y esto sucede de manera constante, no sólo la eficiencia sino la propia actividad e imagen de la compañía, con mucha probabilidad, se verá afectada. No hablamos de periodos de vacaciones en los que uno deja organizado su trabajo, ni de estar ausente por un imprevisto que es puntual y totalmente entendible. Hablamos de que si el business to business no es algo ágil, las transacciones con esa compañía acabarán por desviarse a otra que facilite la resolución de problemas. Y es que, muchas veces en el trabajo uno se dedica más a resolver problemas que a trabajar en las tareas asignadas. Entonces, ¿de qué sirve tener jornada de cuatro días si al final se trata de estar pendiente de lo que pueda surgir?

La clave no está en legislar sino en cambiar la mentalidad. La flexibilidad es la joya de la corona de la conciliación en trabajos de oficina y no tanto la reducción de horas vía legislativa. Esto significa una flexibilidad entre empresa y empleado basada en la confianza y la responsabilidad. Si consiguiéramos dejar los egos aparte ¿tan importante es comenzar el trabajo a las 8 a las 9 o a las 10 o tomar un descanso a mitad del día y conectarse después siempre que cada uno sea consciente de las implicaciones que lleva su puesto de trabajo? No sólo por solucionar problemas, sino por la propia capacidad de concentración, que cada uno la encuentra de una manera. Estamos en la era de la digitalización. La industrialización ya pasó. No podemos seguir con la misma estructura organizativa ni podemos seguir regulando conforme a la organización industrial del trabajo.  Ni somos los mismos ni en muchos casos hacemos lo mismo.

Es curioso que habiéndose implementado la remuneración por objetivos fuera del ámbito comercial, el presencialismo (incluso en teletrabajo) sigue siendo una realidad. Por lo tanto, a pesar de tener objetivos, no sirven para que cada empleado se organice como quiera hasta cumplirlos y medir el rendimiento en base a ellos. Sólo sirven para justificar la remuneración variable que además, por las propias políticas de reparto de presupuesto, suelen ser subjetivas en función de otros factores. Fórmulas de flexibilidad existen, como exigir un horario determinado en el que todo el mundo tenga que estar conectado, o determinar las características de cada puesto de trabajo y su exigencia y flexibilidad correspondiente. Pero más allá de eso, debería ser el empleado quien proponga y demuestre, sin que desde los niveles más altos de la jerarquía se presuponga que lo que intentan las personas es no trabajar. Algo debería hacerse también desde los propios comités de empresa que conocen la casuística de cada departamento. No dejemos que el Estado regule aquello de lo que no tiene ni idea.

¿Dónde quedamos?

En esta pandemia los hosteleros se han hecho unos gurús del management. ¿Quieres saber por qué?

Sirva de aclaración que en estas líneas no me voy a referir a grupos de hostelería franquiciados ni a los que tienen pequeños oligopolios en la restauración u ocio nocturno de grandes ciudades. Quiero referirme a todos aquellos que teniendo uno o varios locales de ocio y restauración, son los mismos propietarios quienes reciben  a sus clientes, quienes gestionan su negocio y quienes de algún modo son la imagen de la experiencia de cliente que allí se ofrece.

Según datos INE, en España había en 2019, 253.227 locales de hostelería relativos al sector de comidas y bebidas, de los cuales más de 158.000 estaban registrados como persona física y más de 73.000 como Sociedad Limitada.

En cualquier negocio, independientemente del sector y del tamaño, la gestión de las compras delimita lo que posteriormente será el coste de venta, pero en negocios pequeños esta gestión es más importante si cabe, porque alcanzar los descuentos por volumen de compra de los proveedores requiere hacer frente a pagos de productos que se quedarán almacenados durante un tiempo hasta llegar a la caja en forma de euros.

Durante la pandemia, el sector de la hostelería ha sido uno de los más afectados. No sólo por el cierre total durante los meses de confinamiento sino que a la reducción de aforos y horarios no le ha acompañado una reducción de carga impositiva ni otros gastos fijos. La mayor parte de los negocios de hostelería están situados en locales alquilados, cuyos propietarios no han dejado de cobrar su alquiler (ni tenían porqué hacerlo porque ese ingreso formaba parte de su renta fija estimada). Lo que no tiene lógica es que a un negocio se le impida operar con normalidad pero a la vez se le obligue a pagar a sus proveedores como si todo fuera como antes, con una ayuda estatal que con suerte cubría la cuota de autónomos y un pequeño porcentaje del alquiler sin tener en cuenta además, la ubicación del local ni los ingresos anteriores. La forma justa de haber repartido las ayudas en hostelería hubiese sido proporcionalmente a la facturación o gastos fijos de periodos anteriores, con excepción de los nuevos establecimientos para los que se hubiese podido buscar otra fórmula. Esta medida, además, hubiese alertado a los empresarios del sector sobre lo importante de declarar los ingresos en un sector en el que la caja B existe por la facilidad de pagos en efectivo.

Sin embargo, la gestión de la hostelería en la pandemia ha sido un puzzle. En algunas comunidades autónomas daban autorización para abrir o cerrar de un día para otro por periodos de dos semanas. ¿De verdad creen los políticos que un negocio se puede preparar para la apertura en apenas un par de horas? Proveedores de comida, de bebida, preparar el equipamiento, limpieza del local y avisar a los empleados si los hay para que estén disponibles, así como regular sus contratos y que los clientes sepan que se está abierto.

Mucha gente sigue diciendo eso de que cuando sales está todo hasta arriba. Estoy de acuerdo, las terrazas han estado tan llenas como se ha podido porque estamos deseando salir, compartir y vivir, que es lo que se hace en un bar. ¿Pero os habéis fijado cómo han estado los bares en el interior durante los meses de restricciones? Toque de queda en el momento en el que la gente tomaba copas, horarios partidos como en Andalucía y un aforo con el que con un consumo normal no alcanza para los gastos fijos. Porque encender cámaras cuesta lo mismo para vender tres que para vender cinco, lo mismo con el sueldo del cocinero, con quien repara el aire acondicionado y con la cuota de autónomos. ¿Y qué pasa con los gastos variables? Porque para vender, hay que tener el producto pero ¿cuánto? ¿para cuántos días?.

Y no digo esto porque sea defendible todo lo que pasa en la hostelería; condiciones laborales imposibles de conciliar con una vida, locales mal atendidos o que directamente huelen mal. Pero no es a eso a los que me he referido en estas líneas, sino a quien su gestión es eficiente pero le han puesto demasiadas trabas para sobrevivir. Negocios que son el pilar fundamental de la actividad económica de otros sectores como el de alcohol, agricultura, comercio de alimentación especializado, refrescos, transportes, repartidores, lavandería, equipamiento profesional, etc.

Ahora, los reguladores del mundo pretenden que los hosteleros hagan también de policías con el pasaporte Covid, como si no tuvieran suficiente con preocuparse de que sus clientes estén cómodos y que ninguno se vaya sin pagar. Las medidas en hostelería tomadas por políticos y autoridades sanitarias han estado lejos de la realidad social. El ocio es una necesidad. Históricamente lo ha sido. En las tabernas ha surgido el amor, evasión emocional, encuentros, discusiones y reconciliaciones. ¿Cuántas primeras citas han tenido lugar en un bar? Me estoy leyendo el libro de Platón, “El Banquete” y toda la trama se centra en la sobremesa de una cena.

La hostelería no es un capricho de nuestro tiempo, que no nos confundan.

El buen comer

Siempre me ha llamado mucho la atención el desconocimiento y desinterés que existe en las ciudades por el origen de los alimentos. Todo, absolutamente todo lo que comemos procede del sector primario. Todo lo que ingerimos ha pasado en algún momento por mar o tierra. De hecho, a menudo queda en el olvido que comer no es sólo quitarnos el hambre, sino nutrirnos. Por eso, cubrir las necesidades nutritivas de la población debe ser la misión principal de los agricultores, quienes tienen en su mano nuestro bienestar a través de sus cultivos.

Las plantas absorben los micronutrientes de la tierra y así estos se transfieren a nuestro cuerpo aunque sea a través de un animal que comió esas plantas. Sin embargo, nos importa más el nombre del restaurante, la presentación para la foto, o descubrir el último producto de moda que viene de muy lejos, que los nutrientes reales que contienen los alimentos y todo el proceso que han seguido hasta llegar a nuestra boca.

A pesar de que mucha gente en las ciudades ve el sector agroalimentario como un sector lejano, el funcionamiento de este sector implica otros como los mercados financieros, cadena de suministro internacional, sector químico, automoción, energía, minería, etc. Y es primario porque es esencial (todos tenemos recientes los meses de confinamiento) y no primitivo como a veces se ve el campo desde entornos urbanos.

Ante esta situación aflora una pregunta que he tratado de responderme, ¿cómo se organiza el mercado de productos agronómicos? Algunos sabréis, otros no, que cereales básicos como el trigo, el maíz y la cebada son activo subyacente en los mercados de futuros. Otros no sabrán ni de qué hablo; especulación de fondos de inversión. Pero no es sólo esto, son muchas las variables que influyen en el precio final del cereal como los costes de transporte, que han subido por el incremento en los precios de la energía, los contratos internacionales de compra venta de cada operación, la meteorología, los stock de campaña anterior o la demanda.

España, cuyo paisaje típico de la meseta es el cultivo de cereales, tiene que acudir a los mercados internacionales porque no produce lo suficiente. Es, por tanto, deficitaria en cereales. Son esas importaciones, necesarias para cubrir la demanda interna, las que implican que el precio final del cereal de producción local se vea delimitado por el de las importaciones, entre otras variables.

Campo de trigo

Bien ¿y esto me afecta? Me afecta porque tengo la mala costumbre de comer, de salir a tomar cervezas o whisky, una tostada, una pizza o un plato de pasta. ¡Y qué buena las croquetas del bar de la esquina! Tengo la costumbre de hacer una tarta cuyo ingrediente principal es la harina. ¡Claro que me afecta! No hablamos de una pequeña inflación. Hablamos, por ejemplo, de que el precio del mercado español de cereales, está desproporcionado respecto a las mismas fechas en campañas anteriores. (Podéis verlo rápido en la última página de esta presentación del Ministerio de Agricultura).

Además, hay algo especialmente preocupante. Por mucho que nos guste comer sano, nutritivo y rico, la realidad es que la  agricultura ecológica no es aún una realidad que pueda ser factible a escala. Porque no se trata de sustituir un fertilizante por otro. La agricultura ecológica está regulada con muchas excepciones que permite el uso de fertilizantes como el cobre. Y eso no es más que un lavado de cara. Una parte de la solución está en ser más responsables en el racionamiento de los alimentos, pero la realidad es que somos muchas personas en el mundo que alimentar por sólo nos cuantos agricultores. Y los cambios no pueden ser drásticos e inmediatos. La clave está en una optimización en el uso del suelo junto con un uso mínimo de agroquímicos y una adaptación de la maquinaria agrícola al mantenimiento de la salud de la tierra, por ejemplo, manteniendo las lombrices lo más grandes posible y que ayuden así a una mejor infiltración del agua. Aunque todo esto ni es nuevo ni es idea mía, la gente del campo y los ingenieros agrónomos andan kilómetros por delante.

La forma eficaz de llevar a cabo la agricultura ecológica, sería lo que se conoce como agricultura regenerativa, es decir, producir plantas en suelos sanos, centrando el cultivo en mejorar la calidad del suelo y no sólo de la planta. Mantener en buen estado la microbiótica del suelo es esencial para que los alimentos que crecen en esa tierra sean nutritivos, de manera que el uso de fertilizantes de síntesis química sea menor que en suelos pobres. Pero este tipo de agricultura no es la panacea porque por un lado depende de la simbiosis con la ganadería y por otro requiere de más campos cultivables. Y no debemos olvidar que los campos cultivables fueron en su día parte de un ecosistema que se modificó, precisamente, para darnos de comer.

Si tenemos en cuenta que la agricultura regenerativa no es, de momento, una solución lo suficientemente productiva como para darnos de comer a todos, tenemos que seguir pensando en fertilizantes de síntesis química cuyo componente principal es el nitrógeno. Sin embargo, este es el quid de la cuestión. El proceso de transformación del nitrógeno para que pueda ser utilizado como fertilizante, necesita gran cantidad de energía, tanto por el proceso químico de la fabricación como para la obtención de hidrógeno. Y es precisamente el precio de la energía lo que está causando que los precios estén en un proceso  de subida generalizada hasta el punto de que algunas plantas de fabricación de fertilizantes han decidido parar (septiembre 2021). Desde un punto de vista financiero y de negocio, el incremento de los costes de producción generalizados pero especialmente en los alimentos, implica una inflación que nos va a afectar a todos. Eso suponiendo que estas paradas en la producción de fertilizantes no lleguen al punto de afectar a la productividad de los cultivos en las próximas campañas.

Los alimentos no son un producto cualquiera. No se trata de elegir comprar o no, ni de elegir manzana Golden o Fuji o tomate Rama o Raf. Desde un punto de vista microeconómico, alimentos como los cereales y las hortalizas son productos con una demanda inelástica, es decir, una modificación en el precio no va a afectar proporcionalmente al consumo.

Quizá pronto tengamos que conformarnos con comprar manzanas y tomates sin poder elegir el tamaño y el color y valorar seriamente la opción de tener un pequeño huerto. Pero para eso necesitamos semillas. De eso hablamos en otro post.

Os leo en comentarios.

Things happen for a reason (las cosas pasan por algo)

Leo en Twitter un hashtag para elevar la vibración (cosas de “negacionistas”) que dice #enfocandoenpositivo. El enfoque en positivo es difícil hacerlo si no te sale de dentro y hay una gran parte de esa forma de pensar, de vivir y sentir, que viene de serie.

Sin embargo, el pensamiento positivo, también se puede entrenar. Desde luego que lo fácil es enfadarse y tener ira, comer siempre lo que más nos gusta, tirarse en el sofá en vez de salir a hacer deporte o estar triste cuando, objetivamente, escrito en el papel del manual de la vida perfecta, nos pasan cosas que no esperamos.

No se trata de creer que la vida es maravillosa pero sí de entender la vida. Este artículo que estoy escribiendo del tirón es el primero después de más de un año cuando llevamos casi 18 meses en pandemia. Y si después de lo vivido no hemos cambiado la actitud, es que nos merecemos otra pandemia, otro confinamiento y un poco más de sufrimiento.

La vida en sí no es un problema. El desamor, los conflictos profesionales, levantarte con pereza por la mañana, el menudeo en los problemas de salud, que tu hijo sea mal estudiante o que no tenga amigos, tener un vecino ruidoso, que te caiga mal tu cuñado, tener un accidente con el coche, que tus amigos te decepcionen (según el manual de la vida perfecta) o que alguien intente aprovecharse de tus buenas intenciones, no son problemas. Siento ser cruel, pero… así es la vida. Y cuanto antes asumamos que las cosas funcionan así, antes aprenderemos a adaptarnos a las situaciones con una actitud en positivo. No se trata de tener una actitud “buenista” sino lo contrario, se trata de preparar el terreno para el momento en que las cosas no vengan como se esperan.

Por la misma razón que ahorramos por lo que pueda pasar, deberíamos preparar nuestra mente por lo que pueda pasar. Sin embargo, esto no lo hacemos. Saber estar solo y saber reírse de uno mismo son seguros de vida como lo es comer bien, tomarse una copa de vez en cuando si te gusta el alcohol o hacer ganchillo si te relaja, hacer algo de deporte y rodearse de personas que crean armonía con uno, ya sean tus hijos, tus padres o el camarero del bar de la esquina. Leer, ver pelis, reflexionar y perder mucho el tiempo también son seguros de vida. Cuando pierdes muchos minutos de tu vida, aprendes a valorar los segundos que sí aprovechas y esa satisfacción te empuja a mover minutos perdidos a segundos aprovechados. Pero eso, amiguis, es un trabajo de cada uno.

Esto que os cuento que no es más que una reflexión personal. Es algo que he aprendido andando sola por el campo escuchando podcasts o escuchando música, desde la más erudita música clásica, los clásicos de la música electrónica hasta canciones de rock o marchosas de Ricky Martin que me hacen caminar más deprisa.

Por eso creo que enfocar la vida en positivo es posible. No quiero decir que no nos enfademos o no estemos un día tristes, se trata de la forma en la que en general uno asume las cosas que le van pasando. Porque cada cosa que nos pasa, nos coloca en un lugar y desde ese lugar nos seguirán pasando otras cosas, algunas nos vendrán dadas y otras las decidiremos nosotros. Cada factor, el aleatorio y el sesgado, influyen en la posición que nos vamos encontrando en cada momento. Y así, aunque la vida de unos esté más lejos que la de otros del manual de la vida perfecta, ese manual en realidad no existe, porque la vida es luz y es oscuridad, es nacimiento y es muerte, es risa, llanto, alegría y pena, es beber para morirte de ganas de hacer pis unos minutos después; lo que importa es que el cuerpo coja el agua que necesite y expulse lo que le sobra arrastrando toxinas. Si la vida es como el ciclo del agua en nuestro cuerpo ¿para qué preocuparse de más?

Tener una actitud positiva ante la vida es una vacuna, es tener una joya que nadie nos puede robar porque se guarda en la parte izquierda de la caja torácica. Yo la cuido todo lo que puedo y este blog forma parte de esa vacuna.

Prometo escribir muy pronto.

Os leo en comentarios. Besitos

1 de julio, una normalidad transitoria

Julio es mi mes favorito del año, o al menos lo era. Tengo buenos recuerdos de este mes. Mi mes favorito para las vacaciones, inicio del verano, el Tour de Francia, vida, descontrol, entrar, salir, adiós rutinas, las fiestas de mi pueblo. Creo que hasta estoy más guapa este mes… sin embargo, este año julio no parece que vaya a ser muy diferente a enero. La diferencia es que vamos a cambiar las manoplas por la mascarilla, o el bozal, como se lee por ahí.

Porque no me gusta nada, pero nada, eso de nueva normalidad. ¿Qué normalidad? Nos hemos acostumbrado. Nos han acostumbrado, a que el uso de la mascarilla forme parte de nuestra rutina, a mirar a los demás con recelo, a evitar relacionarnos y justificar la pérdida de derechos y libertades “por si acaso”. Nos han metido el miedo dentro hasta el punto de que personas que llevan sin ver a su madre cuatro meses, teman abrazarla. Nos han convencido, o lo han intentado, de que el riesgo de contagio en niños está por encima del derecho a escolarización. Nos han quitado las cosas que nos hacen felices. Nos han separado. Nos han hecho menos humanos. Más débiles. Más vulnerables. En general, más pobres.

Esto no es normalidad de ningún tipo. Sólo se me ocurre que esto sea la normalidad que quieren implementar para otros fines de orden público con la excusa de la salud. Si de verdad esta nueva forma de vivir tuviera el objetivo de frenar una pandemia, el concepto adecuado debería ser “normalidad transitoria”, de manera que quedara claro que esto va a tener una duración limitada. Sin embargo, el concepto “nueva normalidad” da a entender el carácter indefinido (o infinito) de esta circunstancia.

Y eso espero, que esto sea una normalidad transitoria y no una transición a otra normalidad (peor) y que todas las conclusiones a las que he llegado en estos tres meses no sean ciertas. Lo que para muchos son conspiraciones, Google, otros buscadores y mi sentido lógico me han enseñado que no lo son tanto. El nuevo orden mundial no es un concepto conspiranoico, es algo que se lleva implementando décadas, al menos, desde la década de los 70 que se publicó el informe Kissinger. Leyendo un libro de este mismo autor es fácil darse cuenta de lo que está pasando:

“el orden (mundial) es algo que debe ser cultivado, no puede imponerse”

¿Qué mejor manera de cultivar en la población una nueva forma de ordenar el mundo que justificándola con una amenaza a la salud pública? ¿Qué otra manera más fácil de hacerlo con el clamor de los ciudadanos? ¿Qué mejor forma de impedirles que salgan a la calle a manifestarse que prohibiendo un derecho constitucional por un decreto aprobado legalmente?

Ante la salud de los demás sólo nos queda respetar el miedo y eso es un arma infalible para quien planifica el funcionamiento del mundo. Moralmente la libertad acaba donde empieza el miedo de los demás pero no viceversa. Sin embargo, si echamos la vista atrás ¿cuántas veces en la historia el respeto al miedo de los demás y la incertidumbre han acabado en catástrofe? Parece como si el coronavirus nos hubiese bloqueado la mente. Y aunque se trata de una nueva enfermedad y debemos ser prudentes, no se trata de la única enfermedad contagiosa, ni de la única causa de muerte. A veces parece que el mundo se ha parado tanto que ya no hay sucesos, ni otras desgraciadas enfermedades.

Pero no todo el mundo tiene miedo, hace pocos días viví algo sorprendente. Incluso personas que habitualmente no tienen actitud crítica están empezando a cuestionarse la posibilidad de que haya una gran mentira detrás de una pandemia que nos han llevado a justificar este cambio de vida. Eso sí me llama la atención porque sólo así, siendo críticos; cuestionándolo todo y hablándolo con los demás, podremos evitar que el plan les salga bien.

Empieza mi mes favorito del año y yo soy muy de la antigua normalidad. No me defraudes, julio.

Querido Mundo, Queridos Libros

Querido Mundo,

Vengo a contarte algo que nada tiene que ver con ese bicho de los pelillos feos. O sí…

Hoy es 23 de abril de 2020,  el día del libro.

Hace meses, cuando aún éramos libres y yo hacía viajes bohemios como Valle Inclán, llegué, casi de casualidad, a la Biblioteca Nacional de Austria. Había visto algunas fotos y parecía interesante pero no imaginé lo que me iba a encontrar dentro. No fueron los grandes y antiguos ejemplares de la literatura ni los mapas ni los grandes globos terráqueos, sino el fresco que decoraba la sala principal lo que llamó mi atención y me tuvo allí dentro más tiempo del previsto. Muy lejos quedo de entender de arte, pero el arte, como el vino, cuando es bueno, me encanta, levito y se me queda el poso un tiempo.

Ni siquiera recuerdo el nombre del pintor pero el mensaje de quien pintó o quien ordenó pintar va en la línea de quien escribe estas letras desde su casa, confinada.

Los libros, como cualquier elemento cultural, son una puerta y una oportunidad para interpretarte a ti, querido Mundo. Yo entré a aquel edificio antiguo casi de casualidad y salí con una confirmación de que el conocimiento es un híbrido entre inquietud, inspiración natural o inteligencia y transmisión de información. Por eso no podemos esperar que los profes hagan todo por los estudiantes y tampoco que los estudiantes lo aprendan todo solos. Lo escrito abre una puerta al conocimiento pero la apertura de mente real tiene que salir de la cabeza de cada uno. No vale que un libro te diga que abras la mente si al terminar de leerlo no reflexionas sobre cómo puedes hacer algo por tu armonía personal en tu pequeño terreno. De la misma manera, es peligroso que un escrito te diga cosas horribles si no reflexionas sobre la brutalidad que has leído. O las consecuencias y relaciones entre los hechos o lo que sea que se cuenten esas letras. En definitiva, de nada sirve que unas palabras juntas cuenten cosas si detrás no hay una comparación con algo. Porque la información, del tipo que sea, no vale nada si no es comparable.

Lo mismo ocurre con la historia ¿de qué nos sirve si no aprendemos de ella? Esto también lo refleja el fresco de la Biblioteca Nacional de Austria, o al menos esto fue lo que yo quise aprender allí. La historia es la que es y la verdad es sólo una. Somos las personas y el paso del tiempo quienes queremos cambiar el pasado. Por eso, querido Mundo, en estos tiempos en los que el virus de los pelillos feos nos amenaza con ser la excusa para que cambie el curso de la historia, hemos de recurrir a los libros y al pasado para entender qué, cómo y porqué. De esta manera seremos más fuertes y nuestro futuro será algo menos incierto.

Algo más que nos sugiere el fresco de la Biblioteca Nacional de Austria es que, educación, paz y desarrollo comercial van de la mano. La paz promueve la educación y el comercio. La educación es la base de la igualdad y el comercio es la base para el progreso. La actividad comercial abre mentes, expande culturas y desarrolla habilidades para descubrir e investigar nuevos mercados. La evolución (y revolución) social, viene de la mano del comercio y la educación. Esto ha sido así desde que el ser humano dejó de ser nómada. ¡Qué curioso! ¿verdad, Mundo? Venimos de ser nómadas a estar confinados…

No debemos olvidar, que para que ese progreso se de, es fundamental que vivamos en tiempos de PAZ; sin miedo y con confianza para poder realizar transacciones que sigan llevándonos a evolucionar de una manera sostenible. Con el progreso, la PAZ y la educación, la sabiduría estará más cerca que sin ellos. Y con más sabiduría, la incertidumbre será siempre menor. Una sociedad con menos incertidumbre, será una sociedad más segura y por lo tanto, una sociedad valiente.

Y esto, en tiempos del bicho de los pelillos feos, importa mucho, amigo Mundo. ¿Entiendes ahora por qué salí fascinada de aquella biblioteca?

Te dejo el enlace para que compruebes esto y más desde tu sofá https://artsandculture.google.com/exhibit/the-cupola-fresco%C2%A0in-the-state-hall-%C2%A0groups-of-figures/cAKCW6ktd3k8IQ

Querido Mundo, sobre la libertad

Hoy es domingo 22 de marzo de 2020. Es tarde, casi media noche, pero me he pasado el día leyendo e intentando entender todo esto que está pasando. Como ayer te conté, en España, como en muchos otros países del mundo, se ha prohibido salir a la calle por una razón de salud pública. Sí, prohibir, obligar… qué verbos tan feos. Pero a veces son necesarios.

Me ha costado mucho aceptar esta situación. Para una persona como yo, cuya ideología no es otra que la de defender que cada cual haga de manera responsable lo que crea que tiene que hacer, es muy duro aceptar que vives en un Estado donde se ha limitado (por  no decir suprimido) el derecho a circular libremente por donde consideres. Ya lo sabes, Mundo, que es la falta de libertad algo que va contra mis valores pero a veces, como cuando educas a un niño, es necesario usar uno de esos verbos feos: PROHIBIR.

Y es que nos estamos contagiando un virus muy malo, el de los pelillos feos, que mata a muchos y hace sufrir a muchos más y la única forma que dicen que tenemos de pararlo, es no relacionarnos. La solución tiene toda la lógica.  De la misma forma que si quieres guardar un secreto, no se lo cuentes a nadie, si quieres frenar una pandemia, no te relaciones con nadie. Es fácil entender pero difícil aceptar.

Me sorprende mucho de qué manera el miedo nos hace normalizar situaciones que no son normales. Nos han privado de nuestra libertad más cercana, la libertad de movernos por donde queramos dentro de nuestro país. Sin embargo, todo el mundo calla. Salvo una vecina a la que el otro día le oí decir “esto es una dictadura” y honestamente, yo pensé lo mismo… Una dictadura del miedo y la incertidumbre. Me llama muchísimo la atención que en enero todos estábamos sorprendidos con los 11 millones de aislados en Wuhan y la forma tan agresiva que tuvieron de hacerlo. Mi mente lo justificó porque esos métodos son propios de una dictadura. Pero ahora que somos muchos más de once millones, permanecemos quietos, callados, justificando este nuevo orden social que en mi opinión, no ha sido impuesto por los Gobiernos nacionales, sino desde alguna institución oficial o extraoficial superior que quiere ver qué pasa ante esta novedosa situación…

En otra de las cartas te contaré, amigo Mundo, cual ha sido la secuencia de decisiones y comentarios políticos, de manera que te des cuenta, como muchos otros y yo misma, que alguna variable de la ecuación se nos está escapando. Tengo la sensación de que estamos confundiendo aceptación de la situación para una mínima estabilidad psicológica y social, con normalización de algo que no es normal. Y eso, amigo Mundo, eso me da muchísimo miedo. Un miedo diferente al del virus de los pelillos feos. No podemos olvidar que esta situación podría haberse evitado en caso de haber sido buenos gestores. La supresión de libertades ha sido un extremo al que nunca deberíamos haber llegado. Toda la población está confinada en su casa, recordemos: toda, con las consecuencias de todo tipo que eso conlleva.

Entiendo, querido Mundo, que no es fácil para un Gobierno tomar la decisión de suprimir libertades. Sin embargo, me llama poderosamente la atención que ningún Gobierno del occidente de Europa, haya sido capaz de hacer las cosas bien. Parece como si quisieran que acabáramos todos confinados en casa… Me asombra además que no se nos hayan explicado las alternativas que había a la supresión de libertad. Puede que esta sea la forma más efectiva de luchar contra la expansión de un virus, sobre todo teniendo en cuenta que cuando hemos reaccionado, el virus ya estaba en nuestros cuerpos. Pero creo, o así lo haría si de mí dependiera, que la supresión de un derecho fundamental en un estado democrático, debería ir acompañado de más explicaciones, como otras posibles alternativas y las razones por las que estas alternativas no no se han podido llevar a cabo.

Echo de menos calidad en los discursos, explicaciones, lógica, argumentos, coherencia. Echo en falta sentirme que estoy en buenas manos y que de verdad todo va a salir bien sanitaria, social y económicamente. Te aseguro, querido Mundo, que este asunto me ha estado machacando mentalmente toda la semana porque creo que la supresión de libertad impuesta por la ley democráticamente, tiene que ser más responsable y transparente.

En ‘El Contrato Social’, Rousseau decía:

Si no considero más que la fuerza y el efecto que produce, diré: mientras que un pueblo se ve forzado a obedecer, hace bien, si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor; pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para recuperarla, o no tenían ninguno para privarle de ella los que tal hicieron. Pero el orden social es un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. 

Jean-Jacques Rousseau

El orden social está por encima de cualquier libertad individual en momentos de riesgo como el que estamos viviendo. Este texto junto con los muertos por el virus que desgraciadamente afectan a algunas personas conocidas, me han hecho darme cuenta de que la libertad y la lógica a veces hay que dejarlas de lado. Y después del virus que las piezas del puzzle se coloquen solas o empujaremos para que se coloquen.

Seguiré escribiéndote…

Querido Mundo:

Te escribo desde mi mesa multiusos. Aquí, al lado de la ventana. Al fondo edificios de ladrillo y más cerca los árboles del jardín de enfrente, ya verdeciendo. Hoy es sábado 21 de marzo de 2020 y tengo mucho que contarte. Ayer empezó la primavera pero este año no es una estación que explote vida. Este año, querido amigo Mundo, todo dentro de ti se está volviendo loco. La primavera está triste. Los árboles brotan pero no podemos salir a verlos. Una gran parte de los países occidentales tiene por ley a su población metida en casa, alarmada por un virus que amenaza la existencia de la humanidad tal y como la conocemos. Se llama coronavirus, dicen que por la forma que tiene, yo lo llamo el virus de los pelillos feos. Porque seguro que es feo, feísimo, con pelillos negros y con cara de malo, como los virus de Érase una vez la vida.

La realidad ahora mismo es esta. Estoy aquí, en la mesa de siempre, escribiendo mis cosas como cualquier otro sábado de lluvia. No hay nada diferente, salvo que hoy no quedaré con nadie, ni iré a Gavilanes, ni de compras, ni siquiera a comprarme una llave inglesa a la ferretería de abajo. Se me ha roto la ducha y no puedo arreglarla ¡en serio! Es que no me lo creo… No puedo salir a la ferretería porque sólo puedo salir para comprar comida, gestiones bancarias, medicinas o tabaco. Pero yo no fumo, ya sabes. ¡Y menos mal! Porque este virus de los pelillos feos está matando a gente asfixiada. A mucha gente mayor o gente enferma pero también a gente sana. El bicho ese es feo y malo. Incluso los médicos y personal de hospital se están infectando y tienen que dejar de curar para curarse y no infectar más a otras personas. Porque el virus es malvado y quiere hacerse con el poder en el mundo. En España tenemos muy buenos médicos y buen sistema sanitario, pero los recursos tienen un límite y hay tanta gente enferma que no caben en los hospitales ni  hay material suficiente. La gente necesita ayuda artificial para respirar. Es una locura. Me da miedo mi papá, ya sabes que está débil. Y como él tanta gente que no merece morir sola ni sufriendo ni morir antes de tiempo.

El otro día pidieron cartas para los enfermos que además de encontrarse fatal, tienen que estar solos en los hospitales para no contagiar a nadie. Así que imagínate, qué duro para todos, el enfermo y su familia. Y los que fallecen, que lo hacen solos, no pueden ni siquiera tener el entierro que cualquier persona se merece. Tienen que enterrarles con muy poquita gente porque hay una ley que nos prohíbe juntarnos físicamente con otras personas. ¿Te puedes creer? No, no podemos ir andando con alguien por la calle. Sólo podemos salir de uno en uno, como soldaditos y por motivo justificado y tampoco podemos hacer grupillo. ¡Con lo que nos gusta a los españoles cotillear en grupillo! Tampoco podemos ir a ver a nadie a su casa. Incluso las familias que viven en la misma casa no se dan besos ni abrazos para no contagiarse entre ellos porque es la forma de matar al bicho, no dejar que se reproduzca. Las tiendas y los bares están cerrados. Sólo sigue abierto lo que sea imprescindible para subsistir.

Pero esto no es sólo algo de España. Esto pasa en Italia, donde hay muchos muertos, en Francia, en Holanda, en Argentina… y en otros países donde no son tan estrictos de momento pero se recomienda no salir a la calle para frenar los contagios. Las empresas en casi todos los países han mandado a quien pueda a trabajar desde casa y el mundo se ha quedado estancado por el bicho de los pelillos feos. Esto ha pasado antes en China donde ya se están recuperando y donde ya tienen en funcionamiento sus fábricas. Están siendo tan amables desde las empresas chinas que nos ayudan con sus ideas y su material. Menos mal que ellos tienen soluciones para todo, se nota que tienen una planificación y financiación estatal optimizada, sin duda que se nota.

Ya ves, Mundo, quien nos lo iba a decir… los de la dictadura comunista avanzando hacia el progreso capitalista y los capitalistas retrocediendo hacia la represión y control de una dictadura. ¡No me digas, Mundo! ¡no me digas que no estamos locos!

Pero de eso hablamos en otra carta. Mañana te escribo de nuevo. Si quieres te escribo una todos los días porque te aseguro que tengo contenido para contarte cosas durante mucho tiempo. Todo esto que estamos viviendo saldrá en los libros de historia contemporánea del futuro próximo. Esto que nos está pasando es algo malo; enfermedad, muerte, sufrimiento y falta de libertad entre otras cosas pero a la vez las personas intentan sacar lo mejor dentro de esta situación de alarma. A veces nos cuesta asumirlo porque esto no entraba en nuestros planes. ¿Sabes, querido Mundo? yo estaba haciendo mi vida normal, como todo el mundo, tanto que los políticos también hacían su vida normal. Cuando llegó el virus feo de los pelillos y nos trastocó todos los planes justo acababa de conocer a un chico de una manera insólita pero nada que ver con todo esto que estamos viviendo. Esto sí es inaudito, escéptico e inconcebible en un mundo como el que conocíamos hasta ahora, por eso todos decimos que esto es algo que nunca creíamos llegar a vivir.

Algunos como yo hemos sido muy afortunados hasta ahora. Tengo la sensación de haber estado 35 años viviendo en una burbuja libertaria y ser un polluelo que ha salido de repente a la cruda realidad. Sigo contándote pronto, pero si quieres, dile a cualquiera de tu mundo que deje su comentario abajo. Son momentos para compartir y reflexionar.

#YoEscribo #YoMeQuedoEnCasa #MissVerdaderasControversias

Por qué no tengo árbol de navidad

No me gusta la navidad. No necesito que sea navidad para estar con mi familia ni tampoco nos queremos más en estas fechas. Tampoco tengo recuerdos especiales de la navidad más allá de buscar musgo para poner el portal de Belén en la escalera (ventajas de vivir en un pueblo de montaña) y la obsesión  de mi abuelo con la lotería. Una época que pasaba de vacaciones y acababa con los regalos que traían los reyes al volver de la Cabalgata. Hace mucho de eso, claro.

Sin embargo, este año ha sido especial. Tras cuatro semanas visitando cada día a mi padre en el hospital y con un pronóstico incierto, no parecía que fuera a ser otro el plan el día 24 de diciembre que el que llevábamos tiempo teniendo como rutina diaria. “Nos da igual”, decíamos. Y en realidad nos daba igual, lo importante era que los médicos hicieran todo lo mejor que pudieran hacer, como así hicieron. Sin embargo, cuando finalmente mi padre mejoró en 24 horas lo que no había hecho en cuatro semanas, empecé a creer en lo que la navidad significa. Alguien desde algún lado nos mandó la energía de la buena suerte. Debía haber atasco en el cosmos 😀

Daba igual lo que comiéramos. Daba igual lo que bebiéramos. Lo importante era que sin esperarlo, podríamos pasar la nochebuena con él. Y es que me di cuenta de que en realidad eso es el espíritu navideño. Que nada cambie. Que todo siga igual. Y que sólo las cosas naturales de la vida sean las que cambien. Un hermano que está con su familia política o que le ha tocado trabajar. O quizás, un abuelo que falta por cosas propias de la edad. Aunque eso no evita que se les eche de menos.

Ha sido asombroso ver cómo mi padre ha podido pasar la navidad en casa gracias a la sabiduría y al amor de mi madre. Bueno y también a su insistencia con algunas enfermeras que se duermen en los laureles 😉  Amor por mi padre pero creo que más aún amor por sus hijas. Porque hubiese sido triste, aún sin espíritu navideño, pasar los días de navidad en el hospital. Y es que mi madre es de esas personas que da más la talla cuando las cosas se ponen oscuras.

Llegados a este punto, diréis… ¿y qué tiene que ver todo esto con tu árbol de navidad? Pues sí, tiene que ver mucho. La decoración navideña se pone con, por y para compartir con todos los que están en casa. Así que yo no tengo árbol de navidad. No. No es que no lo haya sacado del trastero. Es que no tengo de eso. Ni árbol, ni bolas, ni estrella que poner en la puerta. Nada. Algo dentro de mí siempre me ha dicho que la decoración navideña es para ponerla en familia. Que es un momento para compartir con los que viven en casa como parte de los eventos navideños, como lo era montar el belén con musgo en la escalera y preparar los monigotes que pegábamos en la espalda el día de los Santos Inocentes. ¿Qué gracia tiene por tanto que ponga un árbol de navidad por y para mí sola? ¿Abro una botella de cava para pasar la tarde de decoración si ni siquiera sé abrirla? El árbol de navidad empieza por A. A de Amor, Ayuda, Alegría combinados con Armonía. Y hasta que no se den todas las circunstancias juntas, yo no tendré mi propio árbol de navidad. Porque como me ha enseñado esta navidad 2019, la navidad es para compartirla.

¡Bravo Greta!

Estoy muy asombrada. Acabo de leer esta noticia sobre Greta Thunberg en la que explican que fue diagnosticada de Síndrome de Asperger y Trastorno Obsesivo Compulsivo. Después me he acordado del discurso en la cumbre del clima cuya seguridad y firmeza no me hubiesen hecho pensar que esta persona tiene diagnosticada una enfermedad de la que por suerte para mí sé poco pero me imagino que dar un discurso de alcance mundial no entra dentro de sus mayores facilidades. Por este motivo, no puedo decir más que ¡bravo, Greta!

Además, independientemente del contenido de sus discursos melodramáticos, el movimiento de cambio climático necesita un referente y alguien que ponga la cara. En este caso, la cara y la piel. Porque mientras otros hacen activismo en Twitter desde el sofá de casa, ella se está recorriendo el Atlántico en catamarán. Así que por eso también hay que decirle ¡bravo, Greta!

Hace unos meses viajé por trabajo a Glasgow y el viernes a mediodía me encontré una concentración de gente muy joven en la plaza en la que estaba mi hotel. Observé un poco y busqué en internet de qué se trataba. Descubrí el Friday for Future pero realmente no sabía quien estaba detrás de todo esto ni de donde surgía.

Han pasado unos meses desde aquello y hemos llegado a Diciembre de 2019. Ahora ya sé de donde viene el Friday for Future y quien es Greta Thunberg. También sé quien es su madre, quien ha escrito un libro contando la historia de su hija desde el diagnóstico de Aspergen (en otras fuentes he leído autismo y mutismo) y cómo el activismo ha sido su motivación para volver a hablar y seguir adelante. En cualquier caso, el libro en cuestión está disponible en Amazon por 20,46 euros. No está mal. Quiero suponer que los ingresos del libro servirán para financiar el activismo de su hija puesto que el activismo ha sido el motivo por el que su hija ha podido hacer una especie de terapia que le ayuda con su enfermedad. En cualquier caso, esta señora ha aprovechado la coyuntura y ha vendido la intimidad de su familia para ¿ayudar a otros padres? Si fuera así que desde luego es una causa buenísima, bastaría con distribuir su experiencia por internet… ¿sacar dinero para el activismo? ¿permitirse poder dejar de cantar ópera para poder cuidar a su hija? Una vez más, ¡bravo, Greta! Con 16 años y con un mensaje anticapitalista has conseguido que tus padres dejen de trabajar para acompañarte en tu activismo, vendiendo un producto a través de una de las empresas más agresivas en el capitalismo actual como es Amazon… ¿Parece que sí es posible vivir del activismo en el mundo actual? (Esto lo dejo para otro post).

Es muy bueno que exista una cara que sea un referente. Es muy bueno que esa cara sea alguien joven para arrastrar con ella a muchos de su generación. Es muy bueno que los lobbies (los lobbies capitalistas, claro está, porque lobbies hay de todas las cosas) sepan de sus discursos y es muy bueno que hayas encontrado la forma de salir de tu enfermedad. Pero pongámosle a esto un poquito de coherencia. Una chica de 16 años (cuando empezó tenía 15) no tiene rigor para hablar del mundo como si fuera una experta en Desarollo Sostenible al estilo de Jeffrey Sachs. Podrás hacerlo Greta pero te falta experiencia y también te falta formación. Ambas van de la mano para alcanzar una visión completa de cómo funcionan las cosas. Aunque probablemente alguien te dé soporte en esto y de ahí la profundidad y drama de tus discursos. Nadie te ha robado la infancia, salvo tu salud, por desgracia. Decir que te han robado la infancia habiéndola pasado en Suecia me parece un poco irrespetuoso con los que la han pasado en Somalia o en Ruanda. Pero la lágrima da más titulares, sin duda y de eso se trata, de sacar titulares por la causa… ¡bravo Greta!

Y me quedo con una duda… ¿se asegurarán que Amazon haga la entrega del libro con una logística medioambientalmente responsable? La responsabilidad con el medio ambiente no acaba en lo obvio. Lo más importante es todo eso que no se ve, el papel, la tinta, el proceso de fabricación, el transporte hasta el almacén y el transporte hasta el destino… lo más importante es ser consciente de cómo repercuten nuestras decisiones en aquellas cosas que no vemos pero que tiene que suceder para que nuestra necesidad o capricho sean cubiertos. Y ahí es donde yo desde este blog intento hacer mi activismo personal. Seamos conscientes de lo que conllevan nuestras decisiones y nuestro estilo de vida. Distribuir esa información por Internet sería mucho más acorde a su activismo. Mientras todo sean discursos y fotos en un catamarán con ropa de “Unidos detrás de la ciencia”, no estamos más que ante más activismo ecologista tradicional. El eslogan es muy bonito pero el ejemplo y el activismo práctico y no dramático es el siguiente paso. Como dije antes, un referente tan joven probablemente arrastre a mucha gente de su edad pero es importante que no tomen el ejemplo de de la formación. Nunca he entendido las huelgas de estudiantes porque son ellos los únicos perjudicados. Tampoco las entendía cuando estudiaba. La concienciación importa pero no más que la formación y la experiencia que nos hagan tener una visión real y un punto de vista siempre crítico. El verdadero cambio para un mundo mejor está viniendo por la innovación para un desarrollo sostenible; en lo social, en lo económico y en lo medioambiental. Lo demás no es nuevo. Lo demás no sirve.

Pero sin duda, esta chica pasará a la historia del activismo ecologista siendo todavía menor de edad y con una enfermedad muy seria. Ya has conseguido mucho más que yo: ¡bravo Greta!