No me motives, inspírame

Me aburren las cuentas de Instagram que sin ser profesionales, son monotemáticas. Selfie pa’tí, selfie pa’ mí, modelito pa’llá, modelito pa’cá. Tratamiento facial por aquí, tratamiento anticelulítico por allá. Y los mejores, los de las frases de motivación. Alguno dirá, “pero si sigues un montón de cuentas de frases de motivación”… Efectivamente, por eso me he dado cuenta de esto que voy a contar a continuación.

“Lucha por tus sueños”… pero se les olvida decir que eso es no quedarte en el sofá. Que eso es formarte, conocer a personas inspiradoras, informarte, ponerte en el camino del sueño con todo tu esfuerzo y no sólo con todas tus ganas. Y aun así, aunque hagas todo para ponerte en el camino para cumplir tus sueños, habrás de estar en lugar exacto del camino, a la hora que pasa el autobús que te lleva a los sueños, porque si llegas antes, tal vez te equivoques de autobús, y si llegas 3 segundos después, tal vez lo pierdas y nunca regrese o no llegues ni siquiera a verlo. Eso no lo dicen las frases de motivación. Ni tampoco, que mientras tú estás esperando el autobús, alguien que ha salido de su casa conduciendo un Ferrari, adelanta al autobús en la primera parada.

En primer lugar, antes de luchar por los sueños, uno ha de tener una idea fija de cuáles son los sueños. Lo normal es que a medida que te acercas, el sueño se vaya desvirtuando y vayas diciendo… “no, no, no, así no” Entonces, ¿cómo lograr el sueño si ni siquiera lo tenemos claro? Si el sueño es dinámico y no hay un punto fijo al que llegar sino que este va cambiando de sitio, difícilmente vamos a poder lograrlo. Por decirlo de una forma más visual, el GPS de nuestro destino se vuelve loco. Pero esto no te lo cuentan en el perfil de Instagram donde sólo te dicen que luches por tus sueños, sin ponerte en contexto y sin hacerte reflexionar.

En segundo lugar, está genial que luchemos por nuestros sueños. Personas felices hacen un mundo más harmonioso, más tranquilo, más pacífico y por lo tanto, un mundo mejor. Pero tengamos dos dedos de frente, por ejemplo, a la hora de emprender. Está genial que pongamos una idea en marcha. De hecho, todos deberíamos tener una idea que poner en marcha como plan A o plan B. Pero no se puede emprender dejándolo todo si no se tienen otras fuentes de ingresos. Están genial las frases de motivación que empujan a liderar el desarrollo de una idea emprendedora pero antes de dejarlo todo y lanzarse a la piscina, es conveniente echar un vistazo al perfil socioeconómico de ese que te dijo que lo hagas porque a él (o ella) le fue todo genial por dejar todo para alcanzar su sueño. Probablemente su respaldo familiar no sea el mismo que el tuyo o el mío. Es muy bohemio y muy moderno lo de emprender, pero todos, bohemios, soñadores y conservadores, tenemos la mala costumbre de comer varias veces al día y de dormir en un lecho caliente.

Otras de mis páginas favoritas son las páginas de frases de amor. Reconozco que algunas me hacen muchísima gracia porque me doy cuenta de que a todos nos persiguen los mismos monstruos pero de nada sirven las frases motivadoras de amor sin una reflexión de porqué o cómo se ha llegado a ese punto. También están las de amor de cuento, un concepto del amor idealizado como si eso fuera posible mantenerlo en el tiempo. Pero vende porque gusta. Y entonces nos creemos que eso es posible porque lo dice un perfil de Instagram. Y sí, las historias de amor existen pero todas tienen fecha de caducidad. ¿A que eso no lo dicen en Instagram? ¿A que Instagram no habla de otras formas de querer y quererse que no son las establecidas? También hay muchas que hablan del amor propio pero tampoco dan pautas para que empieces a quererte a ti mismo de verdad y no sólo en el estado de Whatsapp. Sólo te dicen que lo hagas pero no por donde empezar. “Si no te quieres tú nadie te va a querer”, sí vale pero necesito más. Necesito algo que me transforme, algo mucho más complejo que una simple frase. Algo que me haga entenderlo e interiorizarlo, algo que deje huella y perdure en el tiempo. Parecido a lo que pasa cuando tienes 18 años y tu madre te dice que ese chico no te conviene y tú no te das cuenta hasta que son tus amigos los que siembran la semilla de transformación en ti para que tú y sólo tú te des cuenta de los motivos por los que no te conviene.

Y es esto lo que le falta a las tazas, libretas, pegatinas, cuadros etc. que están generando millones de ingresos desde hace años gracias a su difusión en redes sociales. Hay frases preciosas pero no promueven que haya una reflexión que nos lleve hacia el cambio, no hay una verdadera ayuda personal, por lo que las frases no se quedan en más que business & followers (para que lo entienda mi madre negocio y seguidores en redes sociales). Y esto es lo que me da verdadera rabia. En realidad estamos muy necesitados de esto, de ahí el éxito de las frases. Sin embargo no profundizamos, no vamos más allá. Y hablo en primera persona. Ayer, a menos de un mes de cumplir 35 años, me di cuenta de algo que jamás había pensado. Y no será que no leo frases motivadoras todos los días desde hace 10 años.

El yoga, la meditación, el budismo, los retiros… todo tan de moda. Y detrás de todo, las frases de motivación en redes sociales. Pero me sorprende porque a pesar del éxito de las frases sigo sin ver una sociedad más concienciada. ¿Entonces? De nada sirve todo si detrás del todo no hay un cambio, un aprendizaje. A veces necesitamos ayuda para hacer esa reflexión porque no estamos acostumbrados a pensar. Para esto, claro que sí, existen perfiles en redes sociales que de verdad inspiran, para que todo el tiempo que pasamos metidos en esas aplicaciones sirva para que seamos más felices nosotros y como dije antes, todo el mundo por extensión. Pero insisto en que no todas las páginas de motivación fomentan la reflexión. Esa es la diferencia entre hacer business comprometido o hacer business por el business.

Probablemente parte de la culpa la tengan los nefastos sistemas educativos que en vez de enseñarnos a pensar y a madurar desde pequeños, nos enseñaron a seguir la corriente. Y nuestros padres… que con su mejor intención nos criaron como protagonistas de un cuento de Disney. Pero eso lo dejamos para otra vez que ahora tengo que seguir reflexionando.

😉

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